La administración de cortes del estado de Nueva York emitió una nueva directriz que prohíbe a los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) llevar a cabo arrestos de inmigrantes en los tribunales estatales sin una orden emitida por un juez federal y revisada por un juez estatal o un abogado de la propia corte de Nueva York.
La medida, que entró en vigor este miércoles, llega después de múltiples denuncias y protestas por parte de grupos defensores de inmigrantes, quienes aseguraban que las cortes neoyorquinas se habían convertido en un sitio inseguro para los inmigrantes que comparecen por asuntos no migratorios.
En 2018, 178 arrestos tuvieron lugar en los tribunales de Nueva York, en comparación con los 11 del año 2016, según publicó el Inmigrant Defense Project (Proyecto para la Defensa de Inmigrantes) en un informe de enero de 2019 titulado “La trampa de las cortes: cómo las operaciones del ICE impactaron a los tribunales de Nueva York en 2018”.
El informe denuncia también la activa colaboración de algunos oficiales de las cortes de ese estado con los agentes del ICE.
El juez administrador Lawrence Marks, citado por la agencia AP, dijo que las cortes estatales habían solicitado esa medida hace ya algún tiempo y que el informe presentado fue muy convincente para su final aprobación.
“Los jueces no pueden hacer su trabajo si la gente no se presenta a la corte”, declaró el magistrado a AP.
Esta normativa solo es aplicable dentro de los tribunales y no tiene validez para detener operaciones del ICE fuera de esos recintos, amparadas por órdenes administrativas.
Los grupos y organizaciones defensoras de los inmigrantes han recibido la noticia como un verdadero triunfo, después de más de dos años de peticiones y protestas por este tema de los arrestos en tribunales.
“Esta nueva regla realmente ayudará a proteger a los migrantes neoyorquinos de los desenfrenados y generalizados operativos migratorios en las cortes que hemos visto de manera regular desde que comenzó el gobierno del presidente Donald Trump”, expresó Janet Sabel, consejera general de The Legal Aid Society, citada por AP. “Para que nuestro sistema judicial funcione adecuadamente, todos los inmigrantes —incluyendo nuestros clientes que han sido acusados de algún crimen, padres que comparecen ante tribunales familiares, y víctimas de abuso— deben tener un acceso sin obstáculo a las cortes”.
Con los hashtags #ProtectOurCourts and #ICEfreecourts activistas y organizaciones celebran la medida en las redes sociales y piden que se extienda a otros estados del país.
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EN FOTOS: Una deportación de ICE, paso a paso
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Esta furgoneta Dodge Grand Caravan del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) lleva a dos inmigrantes detenidos durante una deportación que realiza ICE en San Diego todas las tardes después de que acuden a una corte de inmigración. Almudena Toral/Univision Digital
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El carro tiene rejas por dentro y cristales polarizados. Si uno no se fija en la matrícula, que dice DHS, luce como un auto cualquiera. Toma el desvío de la última salida de Estados Unidos y se dirige a la frontera entre San Diego (EEUU) y Tijuana (México). Almudena Toral/Univision Digital
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Al llegar al Instituto Nacional de Migración mexicano, los dos agentes de ICE que acompañan a los dos detenidos abren y cierran tres rejas para acceder a la antesala de la puerta directa con México. La primera verja da acceso a una zona aislada por donde se alejan de una carretera comercial, la segunda da paso a un camino de tierra desde donde se ve una bandera mexicana gigante de fondo, y la tercera, la que se observa en esta fotografía, da acceso a un cuadrilátero vallado por los cuatro lados que tiene una puerta compartida con México. Almudena Toral/Univision Digital
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Dos policías de ICE vigilan a los dos detenidos mientras esperan que los oficiales mexicanos abran la puerta por donde se realizará la deportación. Ambos detenidos llevan cadenas que los amarran desde su cintura y terminan con unas esposas en sus manos. La espera dura unos quince minutos. Almudena Toral/Univision Digital
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La sombra de un policía de ICE se proyecta en el piso del lugar. La frontera de San Diego-Tijuana es una de las dos que realiza más deportaciones. Tamaulipas y Tijuana reciben a 70% de los deportados desde Estados Unidos. Almudena Toral/Univision Digital
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Uno de los agentes de ICE desencadena al primer inmigrante que será deportado. Posteriormente lo escolta hasta la puerta de entrada a México, donde un agente de migración mexicano le hará preguntas sobre su salud e identidad. Almudena Toral/Univision Digital
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Cuando el primer inmigrante ha cruzado la puerta hacia México, el agente de ICE desencadena al segundo inmigrante. Almudena Toral/Univision Digital
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El agente federal de migración de México, vestido de marrón, los recibe y les hace varias preguntas a los inmigrantes antes de dejarlos entrar al país: su nombre, edad, estado de salud, si son mexicanos y de qué parte del país. Anota las respuestas en una carpeta. Almudena Toral/Univision Digital
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El detenido cruza de Estados Unidos a México. En el Instituto Nacional de Migración mexicano les entregan un sobre con una “constancia de recepción de mexicanos repatriados” y una póliza de seguros, que les provee asistencia y medicinas por los tres años siguientes a su repatriación. Almudena Toral/Univision Digital
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Los agentes de ICE se retiran cerrando todas las verjas y puertas a su paso. Almudena Toral/Univision Digital
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Los deportados aparecen por el puerto fronterizo El Chaparral en Tijuana, México. Llevan puesta la ropa con la que les detuvieron y, en la mayoría de los casos, ninguna otra pertenencia ni dinero. Al llegar aquí deben averiguar dónde están y cómo encontrar medio de transporte para reunirse con sus familias. Almudena Toral/Univision Digital
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Uno de los deportados, Antonio Martínez-Arreguín, muestra su “constancia de recepción de mexicanos repatriados” cerca de El Chaparral, antes de emprender la caminata de horas para intentar llegar a casa de un primo. La constancia le sirve, hasta que pueda tramitar sus documentos, para identificarse como ciudadano de México. No tiene dinero, teléfono ni documentos. Almudena Toral/Univision Digital
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Antonio Martínez-Arreguín, recién deportado, camina en Tijuana. “Ha cambiado mucho…
Acá hay un puente, se me hace…”, dice. Deambula intentando orientarse: “¡Aquí antes había un McDonalds!”. Para llegar a casa de su primo cruzará una autopista y un río. Tras un mes recuperándose y ahorrando algo de dinero en México, piensa cruzar de nuevo a Estados Unidos. Allí está parte de su familia –y puede ganar $1,000 por semana en vez de $60. Almudena Toral/Univision Digital