Más de 140 personas llegaron a Venezuela el fatídico 24 de junio. El programa 'Vuelta a la Patria' compartió el regreso de los migrantes deportados, que fueron llevados a un edificio gubernamental en La Guaira.
Algunos pudieron avisar a sus familiares de que ya estaban en el país. Los funcionarios les quitaron sus efectos personales y les dijeron que tenían que permanecer en las instalaciones del hotel El Santuario La Llanada.
El doble sismo hizo que el edificio se desplomase y sumió a las familias en una fuerte incertidumbre. No había ni un censo oficial de quiénes estaban dentro, mucho menos quién había sobrevivido.
Los familiares emprendieron una búsqueda desesperada por hospitales y morgues, pero la gran mayoría murieron atrapados entre enormes bloques de concreto del edificio completamente colapsado.
Dos meses después han organizado una concentración en la Torre Edicampo en Caracas, donde están las oficinas centrales de la llamada Misión Vuelta a la Patria, para pedirles explicaciones sobre lo ocurrido.
N+Univision ha hablado allí con las familias que perdieron a un ser querido que había sido deportado a Venezuela, al que no llegaron a abrazar.
Oswadeliz Núñez perdió en la tragedia a su hijo Daniel Núñez, de solo 28 años. Lleva dos meses sin poder dar respuesta a la gran pregunta de por qué fueron privados de libertad y quedaron atrapados en las instalaciones del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), la principal agencia de inteligencia venezolana.
"Por qué ellos estuvieron en una detención indebida, puede llamarse hasta forzada, porque ellos no querían estar allí; ellos querían llegar a sus casas, a sus hogares", se lamenta dos meses después del suceso.
Osvadelis Núñez se emociona cuando recuerda aquellos días. No le dieron información de su hijo y estuvo varios días buscándolo en morgues y hospitales. Llegó incluso a infiltrarse en las instalaciones del hotel para saber de su hijo, pues denuncia que la policía no permitía el paso. Días después pudo encontrarlo en una morgue improvisada y recuerda emocionada cómo, en avanzado estado de descomposición, pudo reconocerlo gracias a su tatuaje en el brazo.
"Fue un momento durísimo, pude ver el cuerpo de mi hijo aunque estaba destrozado lleno de gusanos, pero bueno lo reconocí por su tatuaje. Según lo que pudimos recabar mi único consuelo era que parece que murió en el acto por aplastamiento, no sufrió", cuenta emocionada.
En el mismo vuelo iba también Angelo Mejía. Tenía 28 años y vivía en Tampa (Florida). Su madre, Luz Marina Meléndez, denuncia que su proceso de deportación comenzó por una infracción de tráfico,
"Mi hijo estaba tramitando su asilo, pero fue detenido por un accidente de tránsito. Entonces le dijeron que podría pagar una fianza y esperar bajo arresto la respuesta a su petición de asilo. Pero lo descartó por miedo a ser capturado por ICE y expuesto a la deportación. Se vio forzado por la circunstancia a aceptar su deportación voluntaria", relata la madre.
Cuenta, que en el caso de su hijo la esperanza fue muy dolorosa para la familia. Otro pasajero del vuelo que logró salvarse les relató que le había visto con vida bajo los escombros y, cuenta, que le transmitió su último mensaje para su madre.
"Le dijo: 'dile a la viejita que la amo y que estoy muy orgulloso de ser su hijo'. Y siempre me decía eso: 'viejita si vuelvo a nacer la vuelvo a escoger como madre'", recuerda visiblemente afectada.
Relata que fue muy duro el proceso de obtención e identificación de sus restos, que no tuvo el valor para verlo.
Pero finalmente pasó por el duro trance, como Oswadeliz, y pudo despedir a su hijo, aunque no logra superar lo ocurrido.
Las dos madres han escenificado el dolor por lo ocurrido y el dolor de muchas familias que no pudieron recuperar los restos mortales de sus familiares deportados.
Han convocado a los medios frente a la misión Vuelta a la Patria y exigen las respuestas que aún, denuncian, no les han dado.
Ambas madres subrayan que sus hijos no debían haber quedado privados de libertad y planean una demanda conjunta. La asociación con sede en Florida Amavex les está ayudando con asesoramiento legal y psicológico. Su directora, Helene Villalonga, directora de la ONG, cuenta a N+Univision que lucharán por lograr las responsabilidades de los dos gobiernos.
"EEUU tiene que responsabilizarse de lo ocurrido. No nos vale que el relato sea: 'murieron en el terremoto'. No. Ni el gobierno de EEUU ni de Venezuela tienen la culpa del terremoto, pero sí tienen que responder a por qué siguieron ese procedimiento y los privaron de libertad", recalca.
"El gobierno estadounidense está violando un derecho fundamental respecto a la no-remoción, porque lo que hacen es ponerles en manos de su perseguidor. Tendrán que rendir cuentas porque algunos estaban tramitando procesos de asilo y en Venezuela también, entre otras cosas por qué era el SEBIN la entidad encargada de recibirles", explica.
Asegura que en las reuniones previas para coordinar la ayuda legal y psicoógica a familias han hablado con supervivientes que narran que los funcionarios venezolanos, en el momento del sismo, bloquearon la salida en lugar de ayudarles a evacuar el edificio.
Cuenta que han elevado el caso a la representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas y que pedirán explicaciones al Departamento de Estado de Marco Rubio.
Helene Villalonga confiesa en la conversación que sabe por lo que están pasando las familias porque es un suceso muy traumático que deja huella. Relata que ella vivió en primera persona que su hijo fuera deportado con 21 años a Venezuela, pero fue el caso que le movió para hacer activismo.
"Hoy te puedo contar que fue una historia de éxito pero fue muy duro cuando mi hijo tuvo que volver. Sin embargo, luchamos y es el primer caso de un venezolano que tuvo que ser legalmente devuelto a EEUU en el año 2009".