Dorleans Philidor, de 33 años de edad, defecó en la sala del tribunal de Miami-Dade y lanzó sus excrementos a la jueza Lisa Walsh. El hecho ocurrió el pasado viernes durante un juicio que tuvo que ser suspendido para limpiar el área.
El acusado estaba en una silla de ruedas cerca de la jueza Walsh, quien fue sacada inmediatamente del lugar por decenas de policías y guardias de seguridad.
"¡Es proteína! ¡Es bueno para usted!”, le gritó el acusado a la jueza mientras le lanzaba las heces fecales, según relatan testigos.
Philidor se comió un poco de sus excrementos, dijeron varios testigos al Miami Herald. “Fue algo tremendo. Los guardias y los agentes de la policía llegaron en masa”, contó Allen Ríos, que estaba presente en el lugar.
El incidente no frenó a la jueza que trasladó los alegatos finales del caso a una sala en el piso superior. Mientras limpiaban la zona llena de heces fecales.
Esta fue la segunda oportunidad en la que Philidor defeca en la corte. Un día antes, el acusado se embadurnó el cuerpo con sus excrementos mientras el jurado tomaba un receso lo que óbligo a posponer el juicio para el viernes.
El hombre sigue tras las rejas y fue evaluado por un médico para determinar si padece una enfermedad mental, o se hace el loco.
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Entre basura y excrementos: así vivían los 10 hijos de una pareja acusada de tortura y abuso infantil
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Uno de los baños de la casa en Fairfield donde vivía esta familia estaba lleno de excremento en el piso.
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Uno de los cuartos tenía juguetes y otras pertenencias en completo desorden. Tras entrevistar a los menores, los investigadores descubrieron que eran maltratados por sus padres.
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Los niños, de entre 4 meses y 12 años, están bajo custodia de las autoridades luego de ser encontrados viviendo en estas condiciones.
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La madre, Ina Rogers, enfrenta cargos por negligencia infantil y su esposo, Jonathan Allen, fue acusado de tortura y abuso infantil. Rogers niega que los niños hayan sido maltratados.
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Ambos padres fueron arrestados el pasado 31 de marzo, pero Ina Rogers salió en libertad tras pagar una fianza de 10,000 dólares.
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El lunes 14 de mayo la madre abrió su casa a los medios de comunicación para mostrarles cómo vivía su familia y dijo que no es cierto que los menores fueran torturados. "Mis niños se golpean, se hacen moratones y aruñazos porque son niños, eso es todo", aseguró.
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"No tienen huesos rotos, ni cicatrices mayores", dijo la madre al frente de la casa para argumentar que los menores no habían sido víctima de abuso infantil.
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